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sábado, 11 de abril de 2009

¿De qué estamos hechos?

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Ahora sí, no nos queda opción. Hemos cumplido los requerimientos para ser alumnos regulares. Y finalmente, todo comienza. Incluso las responsabilidades. Ah… sí m’ijo!! ¿Creyó que había que esperar a los parciales? Desde ningún punto de vista. ¿Acaso no nos fue harto útil ir despuntando clase a clase los conceptos que íbamos aprendiendo? ¿No es mas “negocio” cumplir a diario con las lecturas propuestas?

Hemos encontrado una estructura institucional que nos da esa posibilidad. Un ámbito en el que se nominaliza al alumno, se ocupa de contener, y no deja detalles librados al azar. ¿Vamos a perder la oportunidad de aprovecharlo?

Señoras. Señores. Seamos merecedores y mostremos la fibra de la que estamos hechos. Está en el manual: si queremos recibir, primero hay que dar. Y que quede claro que no estamos hablando de cuestiones disciplinarias. Hablamos de actitud, responsabilidad académica. Profesional no es sólo quien está delante nuestro.

Porque es mucho más inteligente imitar al enano que se para en los hombros del gigante. Para aquellos que les cueste, ya sea tiempo, ya sea esfuerzo mental, cada “minuto literario” perdido, no se recupera.

Lejos de querer ser paternalistas, sólo pretendemos centrar nuestra atención en lo que nos ocupa. Y eso son las Letras. En el caso de El Yo Literario, la de seguir siendo un blog dedicado a ofrecer un espacio donde compartir el gusto por la cosa bien escrita y la experiencia que genera el contacto con nuestros compañeros. Ya que son ellos quienes, en gran medida, motivan cada texto que generamos. Y a quienes invitamos a diario a sumar con sus aportes y sus experiencias.

Esa es nuestra prioridad. La tuya, ¿cuál es?

sábado, 28 de marzo de 2009

Los amores de Elena

Elena desde tiempos inmemoriales, confundió el amor con una enfermedad. Nadie le dijo que, a pesar de que pudiera ser cierto, no debía caer en la tentación de creer que el destino de todo ser humano era morir por amor.

Elena estuvo casada quince años y ninguno. Siempre amó a su marido y a todo hombre que se cruzó por su vida. Su marido -Ricardo- llegó a ser gerente comercial de la Tecnopetrol no tanto por su habilidad de ejecutivo, sino porque era el único que soportaba los eternos viajes a Kuwait. Después de todo, era él quien mantenía la casa mientras Elena gastaba dinero.

Elena tuvo su primer aventura cuando decidió casarse con Ricardo. Algún engranaje de su mente se había petrificado y había quedado detenido para siempre en algún lugar oscuro de su alma. Bueno, en realidad, no para siempre.

Al principio había creído que el abuso de la infidelidad la transformaría en un ser desconocido y aborrecible. Pero aunque alguien hubiera intentado explicarle, las imágenes que de pequeña circulaban por los pasillos de su memoria, le recordaban y le confirmaban que el verdadero amor jamás se cuestiona, nunca espera nada a cambio. Cuando el sexo pasó a ser un simple intercambio de flujos, los engranajes de su mente se inmovilizaron para siempre y se convirtió en la amante perfecta, la perfecta víctima.

Solo algunos años después de casada, Elena supo que era estéril. ¿Para qué otra cosa serviría entonces? La respuesta a esta pregunta fue la aceptación definitiva de su destino ya que su cuerpo no estaba preparado para la vida. Si bien nunca llegó a ser bonita como su madre, jamás se preocupó por lo que dijeran de su cara. Tenía el busto y la cadera grandes y cintura de avispa. No necesitaba nada más; solo quería que la desearan.

Cuando Gastón la conoció. Elena tenía casi cuarenta. A diferencia de sus otros amantes, él se acercó sin saber quién era, y ese fue el mayor problema de Elena. Él se desvivió por ella. La colmaba de atenciones, regalos y ternuras. Los encuentros eran lujuriosos y descontrolados. Para cuando Gastón supo la verdad, fue demasiado tarde. Se había enamorado de Elena, o de la imagen que tenía de ella. ¿O había sido de su cuerpo? No lo sabía y no lo supo jamás.

Gastón se opuso terminantemente a cortar la relación. Elena alegó que ya no era la misma pasión. Sin embargo, y por primera vez, ella sintió odio. Odio por Gastón, por ella misma. Pero, fundamentalmente, recordó el odio que sintió por su madre la noche que, después de beber una botella de ginebra, mató de un tiro a su marido y luego se suicidó.

Seguro que ese había sido el motivo por el que Elena, desde tiempos
inmemoriales, confundió el amor con una enfermedad. Una enfermedad mortal. Dejaron de verse por un tiempo, un tiempo corto. Pero cuando la enfermedad fue insoportable, cuando Elena no pudo tolerar más la confusión, llamó a Gastón.

Ella decidió pasar su última noche con él en un hotel barato. Cuando llegaron, pidió una botella de ginebra que ella se apresuró a pagar para acomodar el 38 cerca de la cama. Con la ginebra desapareció la confusión, pero no el odio. Solo le quedó la certeza de su destino y la creencia de haber tomado la mejor decisión.

Manuel Abad

viernes, 20 de marzo de 2009

Entre el 13 y el 15

Agustín salió de su casa con el tiempo suficiente para despachar la valija con tranquilidad. Cuando llegó a la estación, escuchó la última llamada para embarcar. Siempre llegaba sobre la hora de partida porque el tiempo era algo muy costoso como para perderlo caminando por el andén. Trabajaba en un estudio aduanero: entraba a las nueve y salía a las cinco. Jugaba squash todos los martes y los viernes transpiraba gustoso en el gimnasio. Sin embargo, esto lo hacía cuando no tenía que viajar que por lo general era una vez por mes. El viaje a Bariloche surgió de imprevisto. Era septiembre y los pasajes de avión estaban agotados por lo que no tuvo más remedio que viajar en tren. La noche anterior tomó su agenda y revisó la ropa que había necesitado cuando fue a Neuquén. Agustín siempre tomaba nota de lo que usaba y de lo que había llevado de más. Su camarote era el catorce. Miró el acrílico sobre la puerta y pensó que el borracho sería un lindo número para la quiniela. - Estoy entre la yeta y la niña
bonita, se dijo a sí mismo mientras acomodaba sus cosas y probaba la cama. Cuando el tren arrancó, Agustín decidió sacar su ejemplar de La Casa Rusia de John Le Carré y leer por lo menos hasta que tuviera sueño. A las diez de la noche se despertó con el libro sobre su pecho. Hubiera dormido hasta la mañana si los ronquidos que provenían de la yeta no lo hubieran despertado. Esto lo fastidió bastante y resolvió averiguar qué podía conseguir para comer. De modo que se puso la campera de cuero y mientras salía del camarote,
se preguntó cómo sería la niña bonita. ¿Por qué estaba seguro de que era una mujer? - No vaya a ser cosa que encima sea soltera, pensó. Mientras caminaba hacia el coche comedor, su mente comenzó a inventar rostros para sus vecinos. La curiosidad podía mantenerlo despierto durante semanas y su fantasía llenaba los espacios más inconmensurables. La yeta viajaba a Bariloche por primera vez y estaba dispuesto a dormir hasta el final del viaje. La niña bonita
era -tenía que serlo- algo muy especial. Por fin decidió: alta y de pelo castaño claro. Medidas regulares y vestida a la moda pero no tanto. Antes de dejar el vagón donde se encontraba su camarote, sintió el ruido de una puerta que se abría y, sin ningún escrúpulo, se dió vuelta. Esperó cinco segundos a que alguien saliera. Estiró el cuello lo más que pudo y contó los acrílicos. Era la puerta de ella, pero como no se decidía a salir, pensó que sería mejor esperar en el comedor para verla llegar.

- Buenas noches. ¿Desea tomar algo antes de ordenar?

La figura de una mujer se acercaba lenta desde el otro vagón. Agustín se había sentado en una de las últimas mesas para poder observar a la niña bonita durante toda la comida. Como el mozo le tapaba la visión, se apresuró a contestar.

- Un whisky

Cuando volvió a mirar, la puerta del comedor estaba cerrada y una mujer se acercaba hacia él tratando de decidir en qué mesa sentarse. Su imaginación había acertado. Era alta y de cabellos castaños claros. Llevaba una camisa de jersey negra, ajustada a la altura del pecho, y unos pantalones de gabardina claros de cintura baja con cuatro botones dorados a la altura del cierre. La niña bonita estaba a cuatro mesas de donde se encontraba él pero justo debajo
de la salida de la calefacción. Sin mucho preámbulo, le consultó al mozo si podía cambiarse. Estudió detenidamente el techo y decidió que esa sería perfecta. Se sentó mesa por medio de la de Agustín y del lado del pasillo. Cuando el segundo whisky llegó, Agustín estaba mirando por la ventanilla hacia la noche cerrada, imaginando lo que pasaría después de la cena. El movimiento de su muñeca agitaba los cubos de hielo con un ritmo parejo, en semicírculos perfectos, como si toda su vida hubiera tomado whisky. La niña bonita pidió una ensalada de tomate, chauchas y huevo duro.
- ¿Y para tomar?

- Agua mineral, por favor.

Cuando la yeta llegó al coche comedor, la única mesa disponible era justamente esa, la que lo separaba de ella. Tendría unos treinta años. Metro ochenta, castaño, ojos claros. Uno más del montón, pensó Agustín. Antes de que se acomodara, el mozo se acercó a los tres y les pidió muy amablemente si no tenían inconveniente en sentarse en una misma mesa ya que una delegación de coreanos había hecho una reserva para las 10: 15. Necesariamente, los tres se miraron. La yeta, sin dudarlo, se corrió a un costado. La niña bonita se levantó con ademán displicente y Agustín -el borracho- dijo, con
su cara de tarado numero cuarenta y seis, que no tenía ningún problema. Cuando la mesa estuvo dispuesta, la niña bonita se sentó junto a la ventanilla, la yeta a su lado y Agustín frente a ambos.

- Ya que parece que vamos a cenar juntos, me presento. Soy Arnaldo del Taye y este es mi primer viaje a Bariloche, desde que me separé de mi esposa.

¿Ustedes ?

- Linda. Linda Flores. Soy actriz y también es mi primer viaje a Bariloche desde que terminé el colegio, dijo mientras apoyaba el vaso de agua sobre la mesa.

El meitre, que pasaba en ese momento junto a la mesa, fue el único que vio la cara que el borracho había puesto al escuchar los nombres. Agustín Doebo abrió los ojos tan grandes que su visión se convirtió en un gran angular. Las llaves de los tres camarotes estaban sobre la mesa. Instintivamente, miró los tres números y dijo:

- Supongo que yo soy el borracho y no tengo la menor idea de por qué viajo, dijo queriendo parecer chistoso.

Pero no lo fue. Arnaldo y Linda desviaron la mirada hacia la ventanilla. Se produjo un silencio que al borracho le pareció eterno. El hielo lo rompió el mozo. Traía la ensalada de tomate, chauchas y huevo duro. Arnaldo pidió el menú del día.
-¿Usted?

-Otro whisky, por favor, doble.

El mozo no esperó a que terminara y se fue.

-En realidad soy despachante de aduana y voy a Bariloche porque un cliente tuvo problemas con una mercadería en tránsito. Los miró lo más fijamente que pudo para ver cómo reaccionaban. Por un momento creyó ver doble, pero luego se dio cuenta que tanto Arnaldo como Linda seguían atentamente su conversación. Cuando llegó el tercer wisky (doble, por favor) tomó un sorbo que se deslizó como una gota de cera caliente sobre un plato frío. Todo se le fue petrificando. La lengua, la garganta, el esófago, hasta que llegó a la boca del estómago. El líquido cayó sobre los jugos digestivos como un meteorito. Una terrible punzada sobre su hígado lo obligó a retorcerse sobre la silla. Arnaldo y Linda, que ya estaban intercambiando recuerdos de colegio y experiencias laborales, no se percataron del movimiento brusco del borracho.

- Debe ser buen negocio eso de ser despachante, ¿no?

El borracho levantó el índice con toda la intensión de comenzar a hablar. Pero las ideas tardaban demasiado en llegar hasta su boca. Era como si sus pensamientos se arrastraran por' entre sus neuronas adormecidas por los efectos del alcohol. Linda tomó la palabra alejando su mirada del borracho como si escapara de un insecto. El borracho se sentía como el árbitro de un partido de tenis. No podía pronunciar palabra porque toda su lengua estaba paralizada. Sentía que el papelón era evidente. Todo lo que hacía era asentir con la cabeza, llevarse el vaso a la boca y beber con dificultad.

- ¿Y vos qué hacés? preguntó Linda apoyando su cabeza de costado sobre su mano derecha en dirección a Arnaldo.

- Esperando encontrar la mujer de mis sueños, dijo con voz de radio.

- No, en serio. ¿De qué trabajas?

El borracho se había olvidado de sus fantasías sexuales con la niña bonita. Una cirrosis galopante estaba determinando las próximas horas o, más bien, los próximos minutos. Un fuego punzante consumía sus entrañas dejándole en la boca un gusto a creolina. Estas fueron las últimas sensaciones que su mente pudo rescatar. Su cuerpo permaneció inmóvil en la silla hasta el final del viaje como si una fuerza externa lo mantuviera derecho. Cuando terminaron de comer faltaban todavía seis horas para llegar y la delegación de coreanos comenzaba el primer plato. Por eso nadie más que el
meitre supo qué fue lo que pasó después. Arnaldo del Taye tuvo que pagar, por insistencia de aquel, los tres whiskys que habían fulminado al borracho y Linda Flores tomó dos de las tres llaves que, como fichas de lotería, estaban sobre la mesa.

Manuel Abad

domingo, 15 de marzo de 2009

Algo habrá hecho

Todos recordamos, por experiencia propia o por dichos de nuestros mayores, la frase "algo habrá hecho"
La frase se popularizó en la segunda mitad de la década de los setenta en el contexto del gobierno militar originado en el golpe que derrocó la presidencia de Isabel Martínez de Perón
Teñida de ideología y un fuerte desprecio, vamos a quebrar una lanza, ya que nosotros sospechamos que era verdad.
Si repasamos algunas de las características de los jóvenes de hoy en día, nos convencemos de que es verdad.
Realizamos un breve sondeo por las aulas de nuestros colegios, y los docentes nos dicen que "los chicos de hoy son muy rebeldes, hacen lo que quieren"
Pero nosotros nos preguntamos: esto es rebeldía? O es otra cosa?
La RAE define al rebelde como "aquel que opone resistencia" Entonces, podemos decir que nuestros jóvenes modernos, mas que rebeldes son indisciplinados. Carentes de límites. Simplemente no quieren hacer nada. Por qué? porque no tienen un objetivo. Un ideal. Una meta que alcanzar.
La misma RAE define resistencia como el "conjunto de las personas que, clandestinamente de ordinario, se oponen con violencia a los invasores de un territorio o a una dictadura"
Desde este punto de vista, y para todos aquellos que no estábamos de acuerdo con el régimen impuesto por los militares, éramos rebeldes.
Podrán decirnos que la frase tenía varios significados; que era una forma de justificar el accionar del gobierno aún en los casos en que inocentes eran víctimas de un orden desordenado. Pero esto es motivo de otro análisis y causa de que una sociedad dijera "nunca mas"
La imposibilidad de alcanzar estos ideales, tanto al nivel de necesidades personales, pero especialmente a nivel colectivo, llevó a toda una generación a plantearse si estaba dispuesta a ser fiel a sus convicciones
Los que decidieron ser fieles, no sólo aceptaron el desafío. También se hicieron cargo de las consecuencias
Sin temor a equivocarnos, y para todos aquellos que se enrolaron en las filas de los que eran capaces de vivir por sus convicciones, la frase "algo habrá hecho", debería llenarlos de orgullo
¿Cuántos de nuestros jóvenes de hoy pueden decir lo mismo? ¿Quiénes pueden afirmar que viven como piensan? é.Que tienen un ideal de persona y sociedad?
Si vivimos entonces fieles a nuestras convicciones y actuamos en consecuencia, podrán decir de nosotros que algo habremos hecho.

Manuel Abad
Texto argumentativo sobre el 24 de Marzo

El buitre

El buitre


Nos encontramos frente a una fotografía, que por su difusión y la dimensión de lo que denuncia tomó el carácter de icónica. La hemos visto muchas veces, y siempre, el malestar se hace presente al imaginarnos el hambre y la muerte inminente.
Es lo esperable: no es posible que alguien quede indiferente frente a lo real sostenido en esa imagen, no es posible quedar impasible frente a lo obsceno.
El hambre, la desnutrición, la desigualdad extremas existen, todos lo sabemos. Sucede con esta imagen, que algo irrumpe en nuestra vida como un desgarro, y por un lapso de tiempo nos interpela.
El fotógrafo Kevin Carter, autor de la toma, se quitó la vida al poco tiempo de haber recibido el Pulitzer por esta fotografía.
Al conocer algo de su vida, vemos a un hombre comprometido con su tarea y con su país. Siendo blanco, se enfrentó al apartheid desde el periodismo. Su arte era una manera de combatir, de disparar contra un régimen aberrante: el obturador fue su gatillo, el objetivo, la caña de su fusil.
Muy joven, Carter supo quién era el enemigo, y contra él habría de disparar, aun a riesgo de su vida.
Sin embargo, Kevin Carter también fue un ser humano con todas sus debilidades: una historia de adicción a las drogas y a su trabajo se hace presente en su biografía.
Llegó el año 1993 y el maldito instante de la maldita toma. Y el de la decisión, esperable en un fotógrafo documentalista, de no actuar más que con la cámara.
Pero un fotógrafo documentalista, no deja de ser un hombre. Y Carter no pudo sostener en su vida el hecho de no haber actuado como hombre y ayudado a la niña.
Al año siguiente, el premio y a los meses el suicidio.
Nos surge esta pregunta: ¿Qué se premió con ese premio? ¿Qué se ve en esa imagen que, a pesar de resultar insoportable, la hace merecedora de un homenaje tan importante?
Lejos de ser la niña que aparece en primer plano, lo que convoca y casi fascina por el horror es el buitre.
Ese buitre siniestro, es como una metáfora… o si se quiere es muchas metáforas: es el fotógrafo agazapado esperando el instante óptimo, es la economía sin rostro, los millones de dólares, las toneladas de alimentos que arroja a la basura todos los días la clase media mundial, es la dignidad negada, es la personificación de un sistema impasible, productor y repetidor de esta escena.
Tal vez ese buitre seamos un poco nosotros, observadores indignados y a la vez atónitos e impotentes, que nos asomamos un instante a esa ventana, para luego cerrarla y continuar con nuestras vidas… lejos, muy lejos del hambre, de las balas y de los buitres.
¿Será acaso, que ese premio es para el buitre? Buitre-fotógrafo, buitre-sistema económico mundial, buitre-espectador-conmovido-impotente?

Mariana Bergandi